Reforma monetaria de Cuba podría salvar la economía: M. Margolis

(Bloomberg) — Cuba te quiere. De verdad. En julio, el Gobierno eliminó las restricciones sanitarias para la entrada de visitantes, convirtiéndose en uno de los pocos países en hacerlo. No se requieren declaraciones juradas de médicos, ni pruebas de laboratorio; los viajeros solo necesitan aterrizar con un seguro de salud, que se les tome una muestra de covid-19 a su llegada y pasar la noche en un hotel. Si 24 horas después la prueba resulta negativa, las arenas de Playa Varadero los esperan.

Un refugio en una pandemia suena demasiado bueno para ser verdad en un mundo con claustrofobia. Para Cuba, es un salvavidas. Si bien el régimen de la isla ha contenido casi completamente la pandemia de coronavirus (6.000 casos y 123 muertes), la economía está en cuidados intensivos. La llegada de extranjeros ha caído 60%, las exportaciones han bajado 19% y el producto interno bruto se contraerá 8,7%, según el portal independiente de noticias económicas y comerciales Cuba Standard. Dado el bloqueo casi total de datos por parte de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información sobre este tema, el impacto de la pandemia podría, por supuesto, ser aún peor. Han regresado las interminables filas para obtener alimentos y las tiendas desabastecidas, malos recuerdos del Período Especial de Cuba tras el colapso de la Unión Soviética que han llevado al presidente, Miguel Díaz-Canel, a pedir a los cubanos que planten huertas.

Eso no llenará 11,3 millones de platos cubanos. El año pasado, con la economía ya en crisis, Díaz-Canel propuso una reforma constitucional para liberar el ímpetu de los empresarios emergentes. Miles de tiendas familiares, restaurantes y pensiones se beneficiarían con ella. Sin embargo, en este momento el entusiasmo se centra en medidas más drásticas, comenzando por cumplir, tal vez este año, con las promesas de liberar al país del disparate de tener un sistema monetario de dos monedas. “Demos la bienvenida a la reforma monetaria porque el país la necesita”, dijo el martes por la noche el viceprimer ministro Alejandro Gil, quien también se desempeña como ministro de Economía. “Debemos tener una visión práctica y optimista. Será en beneficio de todos”.

Los cubanos han escuchado esta serenata antes. La isla ha sido durante mucho tiempo un laboratorio de ingeniería social y economía de mando. Desde 1994, ha mantenido dos tipos de cambio legales: un peso convertible para aquellos con acceso a divisas y el peso cubano para los simples mortales. Ninguno de los dos le comprará un mojito fuera de la isla, y sin considerar la debilidad crónica de la moneda del país frente al dólar. La charla sobre la unificación del peso surgió por primera vez en una conversación del Partido Comunista en 2011 y se convirtió en parte de la agenda oficial en 2013. Desde entonces, se ha repetido de forma regular.

La transformación ya está muy retrasada. Cuba ha lidiado con el coronavirus sin un bloqueo económico total: solo 5% de los propietarios de negocios dijeron a los encuestadores que planeaban cerrar. Lo que se necesita es un seguimiento con reformas audaces para reducir la burocracia y dar rienda suelta a las empresas de la isla.

Eso no sucederá mientras el país respalde su doble moneda y el fastidioso sistema de tipo de cambio múltiple. Según el acuerdo actual, los consumidores gastan pesos ordinarios (CUP), que no compran mucho. Pueden aumentar su poder adquisitivo al cambiarlos por el llamado peso convertible (CUC), que se cotiza a un considerable 24 por uno, pero su valor en la calle ha ido disminuyendo a medida que la economía se desploma.

Pero dado que no todos los compañeros son iguales, los importadores aprobados oficialmente por el Estado pueden comprar sus productos a la tasa de regalo de un peso por dólar. Eso equivale a un enorme subsidio sobre los comestibles y bienes personales comprados en el extranjero, y a una desventaja para los productores y exportadores nacionales. “Los importadores estatales salen ganando”, dijo William LeoGrande, experto en Cuba de la American University.

Este acuerdo es una de las principales razones por las que el déficit presupuestario será de 11% este año. También ayuda a explicar por qué la isla tropical con temporada de cultivos durante todo el año importa 60% de sus alimentos. Por lo tanto, la reciente advertencia de Díaz-Canel de que una fuerte devaluación del CUC, y por lo tanto el fin del sistema de un país, dos monedas, podría ser inminente.

Pero todavía no encienda su Cohiba con esos pesos convertibles. En julio, el Gobierno autorizó a 72 tiendas minoristas que eluden los controles de cambio oficiales al vender productos valorados en dólares a cualquiera que tenga la suerte de tenerlos. (Esto se suma a las 4.800 “tiendas oficiales en dólares” donde los clientes pueden pagar las importaciones con paquetes de pesos, si tienen suficientes). Como incentivo adicional, reducirá el recargo por compras dolarizadas. Entonces, en lugar del anunciado peso unificado, la devaluación podría fijar la preferencia por el dólar. “Esto es como abrir la caja de Pandora”, dijo Pavel Vidal, execonomista del banco central cubano que enseña en la Universidad Javeriana en Cali, Colombia. “De ahora en adelante, todas las compañías e inversionistas extranjeros preferirán operar en dólares”.

Los cubanos necesitan un tipo de cambio más realista para poner fin a los cómodos subsidios a las empresas ineficientes y hacer que la economía sea competitiva. Un tipo de cambio anclado en el mercado traerá transparencia a los balances de las empresas gubernamentales, uno de los sectores más turbios e ineficientes de la economía. Sin embargo, dado que el Estado aún genera casi 7 de cada 10 empleos, el cierre de las empresas ineficientes podría tener graves consecuencias. “Es un movimiento arriesgado”, dijo LeoGrande sobre la reforma monetaria. “Pero los funcionarios cubanos finalmente decidieron que el riesgo económico de no hacerlo es demasiado grande”.

El Gobierno ha prometido mitigar el impacto del ajuste mediante el aumento de los salarios del sector estatal, eliminando los subsidios alimentarios innecesarios y dando más libertad a los operadores de empresas privadas. Pero como sugieren las crecientes filas en bancos y supermercados, pocos cubanos apuestan por una transición sin problemas.

Los cubanos han sobrevivido a cosas peores. El colapso de la Unión Soviética llevó a la economía de la isla a la depresión. El desastre en Venezuela ha afectado la oferta de petróleo crudo a tasa reducida, que los cubanos revenden en el extranjero por dinero en efectivo. Donald Trump, en su jugada por el voto conservador cubanoamericano, ha incluido en la lista negra a más de 400 hoteles controlados por el Gobierno, el Partido Comunista o afines. El Diálogo Interamericano proyecta una disminución de 16% de las remesas de dólares a Cuba este año.

La pandemia ha acelerado la miseria. Los dólares generados por los alardeados médicos voladores del país enviados a los epicentros de coronavirus no han compensado la devastada economía interna o la caída en el turismo internacional, la segunda mayor fuente de divisas de la isla.

Pero en la debacle hay una oportunidad. El colapso de la moneda cubana no solo hace que la fijación de la tasa de cambio sea inevitable. También debería obligar a La Habana a revertir décadas de gestión de alto nivel que ha sofocado las iniciativas, controlado a las empresas y limitado a los inversionistas.

El próximo año habrán reformas más profundas sobre la mesa en el Congreso, donde el octogenario Raúl Castro presidirá a los potentados de Cuba. La pregunta es, ¿se detendrá el CUC allí?

Nota Original:Cuba’s Currency Reform Could Ease Covid-19 Blues: Mac Margolis

©2020 Bloomberg L.P.

Source: Infobae

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