Amenaza de cierre para la “universidad de los gladiadores” que Steve Bannon creó en Italia para educar al “próximo Trump”

El ex estratega político de Trump, Steve Bannon, al salir de una de las audiencias ante un tribunal de Nueva York donde se lo juzgó por fraude. REUTERS/Andrew Kelly
El ex estratega político de Trump, Steve Bannon, al salir de una de las audiencias ante un tribunal de Nueva York donde se lo juzgó por fraude. REUTERS/Andrew Kelly (ANDREW KELLY/)

Un monasterio del 1300 en una colina de las afueras de Roma, el apoyo de algunos de los más altos jerarcas del Vaticano y 5.000 estudiantes dispuestos a tomar clases sobre “cómo salvar la civilización judeo-cristiana”. Steve Bannon, el polémico asesor del ex presidente Donald Trump, no podía pedir más para su Instituto Dignitatis Humanae (DHI), donde quiere formar a “los nuevos Trumps del mundo”. El ministerio de Cultura italiano, dueño del inmueble, acaba de ganar un juicio para recuperar el histórico edificio de piedra de Trisulti y Bannon, a pesar de que aseguró que va a apelar una vez más, ve desmoronarse su gran proyecto político.

Este año, Bannon estaba trabajando en el plan de estudios para los cursos de liderazgo dirigidos a los activistas católicos de extrema derecha en lo que sería la “Academia para el Occidente Judeo-Cristiano”. Ya había sido el autor de los otros cursos que se instruyen en el instituto. Mientras estuvo cerca de la Casa Blanca, Bannon contó con el apoyo de todo el abanico de políticos populistas de derecha de Italia como el ex ministro del Interior Matteo Salvini. Incluso, el cardenal conservador estadounidense Raymond Burke apoyó firmemente el proyecto y fue presidente honorario del instituto. Pero el purpurado terminó retirándole el apoyo cuando Bannon dijo que quería hacer una película a partir de un libro que denunciaba la homosexualidad en el Vaticano.

Para esa época, el estratega político ya había caído en desgracia en Washington. Bannon fue acusado de fraude junto con otras tres personas en lo que los fiscales describieron como una estafa masiva de recaudación de fondos dirigida a los donantes de una campaña privada para construir un muro a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México. Bannon fue acusado de embolsarse más de un millón de dólares por su participación en “We Build the Wall” mientras representaba a los patrocinadores de la organización. Un día antes de que Trump dejara la Casa Blanca le concedió el indulto. Y esta semana, una jueza federal desestimó formalmente el caso de fraude, poniendo fin a meses de litigio sobre cómo el sistema judicial debía manejar los numerosos indultos de Trump.

Monasterio de Trisulti
El monasterio de Certosa di Trisulti, donde Bannon estableció su universidad para formar a “los nuevos gladiadores”.

Bannon estuvo trabajando por años en el proyecto de la “universidad de los gladiadores” donde quería formar una nueva clase de “guerreros de la cultura” de derechas. El objetivo, había dicho, era “generar los próximos Tom Cottons, Mike Pompeos, Nikki Haleys: esa próxima generación que sigue a Trump”. Se contactó con Benjamin Harnwell, un ultracatólico de 45 años con el dinero para hacer realidad su sueño. Ya tenían en la mira el monasterio y la abadía de Trisulti, en lo alto de una montaña y decorado con frescos renacentistas. Gracias a las conexiones dentro del Vaticano, logró que el gobierno italiano se los alquilara por 19 años a cambio de apenas 100.000 euros al año. Varias organizaciones civiles y ambientales de la zona se opusieron y comenzó la lucha judicial. Harnwell se pasó los dos últimos años luchando en los tribunales para detener el desalojo. Ahora, tiene hasta mediados de junio para apelar, antes de que los carabinieri lo saquen a la fuerza. Bannon culpa a la “burocracia corrupta italiana” y dice: “Este es el tipo de cosas que se esperan de los países del Tercer Mundo, no de una nación fundadora de la civilización occidental”.

El plan de estudios de la academia está dedicado a los fundamentos intelectuales del bannonismo, un cóctel de nacionalismo populista, libertarismo y catolicismo tradicional, que arremete con vehemencia contra la Unión Europea, China, el Islam, los derechos de los homosexuales, el Papa Francisco –lo considera un enemigo dentro de sus propias filas-, el aborto y la izquierda. Los títulos de los cursos son elocuentes: “El marxismo cultural, la yihad radical y la guerra de información global del Partido Comunista Chino” y “La Iglesia primitiva como empresa comercial”. Entre los profesores hay varios ultraconservadores expulsados de otras universidades católicas. La academia también ofrecerá formación en medios de comunicación, impartida, idealmente, por el propio Bannon, e inspirada en las sesiones que ya dio en la tradicional Conferencia de Acción Política Conservadora.

Benjamin Harnwell en el convento de Trisuli.
Benjamin Harnwell, el socio de Bannon, que logró alquilar por 19 años el antiguo convento de Trisulti. AP

Para este segundo semestre, el Instituto Dignitatis Humanae ya tenía seleccionados a 75 estudiantes que van a tomar clases presenciales y vivir en las antiguas celdas de los monjes. Deberán llevar una vida de recogimiento sin conexión externa. Las gruesas paredes del convento impiden la entrada de señales de wi-fi. Si el plan sigue adelante, se ofrecerá formación de “gladiadores en las artes conservadoras católicas” a los inscriptos que recibirán créditos académicos, para obtener un título de Master, otorgado una universidad católica de Estados Unidos aún no revelada. “Queremos formar gente para que tenga la sensación de que la civilización occidental está amenazada”, dijo Harnwell en una entrevista con el New Yorker. Uno de los estudiantes, es Alvino-Mario Fantini, de 52 años, candidato al doctorado en ciencias políticas de una universidad holandesa. “Es un error acusar a alguien de racismo y xenofobia, o de nazismo, o de cualquier otro ‘-ismo’ sin conocer sus creencias”, dijo Fantini a la revista neoyorkina. También recordó con amargura que en la universidad le gritaban “¡fascista!” por llevar una camiseta con la imagen de Trump. Solicitó el ingreso a la academia en 2018, enviando a Harnwell unas notas que había escrito y en las que arremetía contra la corrección política. Las había publicado en la revista que edita, The European Conservative.

Cuando se planteó por primera vez la idea de la academia, en el apogeo de la Administración Trump, Bannon y Harnwell contaban con el apoyo de una amplia coalición de derechistas europeos, que ahora se está desmoronando. El nuevo gobierno italiano se movió hacia la izquierda y llevó a Harnwell a los tribunales en repetidas ocasiones, alegando falta de pago del alquiler e irregularidades en su solicitud de arrendamiento. Harnwell califica las acusaciones de “desinformación izquierdista”. También ha perdido el apoyo de elementos revanchistas en el Vaticano, y otros aliados están ahora desilusionados con los intentos de Bannon de recrear el trumpismo en Europa. “Dijeron que sería un proyecto cultural, que volverían a hacer de Trisulti un lugar de estudio y de oración”, explicó Rocco Buttiglione, un ex ministro italiano de la Democracia Cristiana.

Protesta en Trisulti.
Protesta de las organizaciones ambientalistas de Collepardo marchan hasta el monasterio de Trisulti en protesta por el alquiler del lugar histórico para que funcione la universidad de Bannon. (Marco Bonomo/Parallelozero/)

Mientras tanto, continúan las protestas de los ambientalistas que quieren proteger el bosque que rodea al monasterio y hasta de un grupo de monjes que utilizaba una pequeña parte del enorme edificio. Pero Harnwell asegura que junto a Bannon van a resistir hasta las últimas consecuencias. “Para mí es una batalla existencial entre el bien y el mal”, asegura. Para ellos el bien proviene del catolicismo ultramontano y el mal está encarnado ahora por los jueces y funcionarios “progresistas” italianos que quieren terminar con la “universidad de los nuevos gladiadores”.

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