Audios de WhatsApp: un puente entre voluntarios que leen cuentos y personas con discapacidad visual

soluciones 12 de julio

Gladys tiene 65 años y siempre fue una apasionada de la lectura. A tal punto que cuando una historia que le gusta está llegando a su fin siente euforia por saber cómo termina y desesperación porque no quiere irse de ese mundo al que la transportó la lectura. “Cuando un libro me atrapaba, me olvidaba hasta de cocinar”, recuerda. Así fue su vida, llevada de las narices por las novelas basadas en hechos históricos y los policiales ―sus géneros preferidos― hasta hace unos veinte años, cuando las letras empezaron, primero, a desvanecerse frente a sus ojos, para luego desaparecer definitivamente. “Hoy solo distingo a las personas como figuras difusas si están cerca”, dice con voz serena desde su casa, en la ciudad santafesina de Rosario.

La retinitis pigmentaria, una enfermedad de los ojos que le diagnosticaron cuando tenía 18 años, le fue reduciendo la visión. Hoy Gladys accede a la literatura a través de Relatos en red, que justamente se trata, como lo indica el título, de una red de personas que disfrutan de los relatos, unas grabándolos y otras escuchándolos.

Cuando Gladys ya no podía leer recurrió a su hijos, a sus amistades, a bibliotecas que le enviaban textos leídos por máquinas. No le interesó aprender braille más que para distinguir (ya hace varios años) los casetes numerados en ese sistema que le enviaban de una biblioteca y escuchar el texto que había elegido.

Así fue mitigando su sed de lectura hasta que el año pasado, desde un grupo de personas con enfermedades de la retina del que ella participa, le enviaron el contacto de Pablo Lecuona. A través suyo le comenzaron a llegar audios de WhatsApp con relatos cortos elegidos y leídos por voluntarios y voluntarias, que le permitieron a Gladys de Feo volver a habitar otros mundos.

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Gladys de Feo en el jardín de su casa, en Rosario. Le gusta escuchar ahí, al solcito, los audios que le envían desde Relatos en red. (Imagen: gentileza)

Es que Pablo, junto a un grupo de amigos, creó Tiflonexos, una biblioteca en internet para personas con discapacidad visual de habla hispana. Y el año pasado, en plena pandemia, Tiflonexos y Puentes de Libros ―un programa de promoción de la lectura en contextos de encierro y espera― lanzaron Relatos en red, una propuesta sencilla pero efectiva que busca acercar la literatura a personas ciegas y con baja visión.

Para lograrlo, Relatos en red recurre a voluntarios y voluntarias que registran historias en audio. Estas personas eligen un cuento y lo graban leyendo con voz clara y sin ruido ambiente; siempre indican al comienzo su nombre, el título y el autor del texto que se va a leer. Luego envían el audio por mail a comunidad@tiflonexos.org o por WhatsApp al +54-911-5895-1047, para que las organizaciones lo reenvíen gratuitamente a casi 400 personas con discapacidad visual que se han suscripto (por mail o WhatsApp) para recibirlo. “Lo que no nos esperábamos era tener el alcance que tuvimos en tan poco tiempo”, cuenta Pablo.

Y la iniciativa aún puede crecer mucho más. El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) estimó, en 2018, que casi 900.000 personas tienen algún grado de discapacidad visual en la Argentina. Y precisó que el 96,4 % de ellas manifestó tener “mucha dificultad para ver” y el 3,6 % restante indicó que no puede ver “nada”.

Lecturas que abren puertas

A Relatos en red llegan lecturas de todos los géneros (policial, ciencia ficción, romántico, misterio, aventuras) y para todas las edades. De la propuesta ya participan personas de la Argentina, Chile, Guatemala, México, Colombia, España, Rumania y Alemania.

Entre más de 150 lectores y lectoras hay locutores/as, escritores/as, narradores/as y personas jubiladas como Mariluna, como ella se presenta cada vez que lee cuentos. Aunque para esta nota aceptó revelar su verdadero nombre: María Laura Novellino. Hace unas semanas leyó el cuento “Canelones”, de Hernán Casciari, que fue un éxito.

María Laura vive en el barrio porteño de Parque Chacabuco y es docente jubilada desde hace dos años. Siempre le gustó leer en voz alta, en ámbitos académicos y también en familia. Les leyó a sus hijos cada noche cuando eran niños “porque un chico no puede irse a dormir sin un cuento”, sostiene. Desde que no trabaja como docente y tiene más tiempo libre, busca dónde disfrutar del placer de leerle a otro.

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María Laura en su casa mientras graba un audio. Cuando lee cuentos, se identifica como Mariluna. (Imagen: gentileza)

Hace unas semanas vio en Facebook la invitación a participar de Relatos en red y no dudó. “Elegí el cuento de Casciari porque te conduce por distintos estados emocionales”, explica. Lo grabó y lo envió.

Poco días después comenzó a recibir las devoluciones de los oyentes. “Lo que más le agradezco a Tiflonexos es que me hayan enviado lo que las personas que me escuchaban iban diciendo. Fue muy importante para mí. Desde que tuve un ACV hace 11 años entendí que el sentido de mi vida es acompañar a otros, en este caso, ser un puente entre las personas con dificultades para ver y el arte”, dice Mariluna.

Pablo aclara que los coordinadores de este proyecto siempre tratan de enviarles a lectores y lectoras los comentarios que reciben de usuarios y usuarias. “Los lectores son muy importantes para nosotros porque son la puerta de entrada para favorecer la autonomía de las personas con discapacidad”.

“Uno de los principales problemas en torno a la discapacidad es la falta de información sobre las posibilidades de autonomía que pueden tener las personas”, explica Pablo y resume el espíritu del proyecto: “Hay que abrir puertas para que no crean que con las dificultades en la visión se termina el mundo. Hoy el celular es como nuestros ojos, con distintas aplicaciones nos permite acceder a la literatura o, también, a lo que dice la etiqueta de una lata de arvejas o un test de embarazo. Pero si no conocés estos recursos te estancás en que no se puede, en la pérdida. Por eso, nosotros trabajamos para extender el acceso a la lectura y a la información a través del aprovechamiento de la tecnología”.

Recibir un audio por WhatsApp es para muchos el primer paso para acercarse a otras opciones que ofrece Tiflonexos: talleres de cocina, biblioteca digital, charlas con escritores. “Es la puerta para estar en contacto con otros, para no quedarse en el problema y buscar alternativas”, dice Pablo.

A través de Relatos en red también se busca que quienes leen se acerquen y conozcan más sobre las personas con discapacidad visual. Por ejemplo, para Victoria Galdos Bonomo que tiene 13 años, vive en la Ciudad de Buenos Aires y cursa en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza (ILSE), participar de esta experiencia con lecturas que grabó y envió en febrero pasado fue una de sus primeras aproximaciones al mundo de las personas con baja o nula visión.

“Antes había ido al Teatro Ciego con una amiga y en una Feria del Libro una persona no vidente escribió mi nombre en braille”, recuerda Victoria.

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Victoria eligió un cuento de Rodolfo Walsh para colaborar con Relatos en red. (Imagen: gentileza)

A ella le gusta mucho leer y escribir. Por eso, cuando su mamá vio la invitación para participar de Relatos en red se lo comentó. “Me pareció buena idea contar cuentos a personas no videntes, algo que yo no conocía”, dice Victoria.

Buscó en su biblioteca y se quedó con un relato breve de Rodolfo Walsh que le gusta mucho: “Tres portugueses bajo un paraguas (sin contar al muerto)”. Además, se animó y leyó un poema propio. “Me pareció una buena idea mostrar más allá de mi familia lo que escribo”, cuenta.

Victoria grabó varias versiones, eligió una y se la hizo escuchar a su mamá, quien le recomendó que leyera más lento, con más énfasis. Lo volvió a hacer y mandó el audio. Una hora después le respondieron desde Tiflonexos que su material estaba bien y que lo iban a difundir.

De la voz humana a los textos leídos por una máquina

“Me encantaba leer y leer en público. Es de las cosas que más extraño, además de dar clases y pintar”, alcanza a decir con la voz quebrada Cecilia Romano. Pero enseguida se recupera y vuelve a aparecer el torbellino de risas estridentes e ideas creativas que fluyen cuando habla: “Necesito que las personas con baja visión o ciegas puedan acceder al arte, que a mí me salvó la vida”.

Cecilia tiene 48 años, vive en el partido bonaerense de Tres de Febrero y es profesora de artes visuales. Hace tan solo tres años que no puede leer. Explica los detalles de su dificultad en la vista en el lenguaje de su oficio: “Tengo baja visión. Es decir, no tengo high definition (alta definición). A dos centímetros veo perfecto, pero a diez solo veo bultos con colores”.

Los audios que le llegan a través de Relatos en red le aportaron un doble beneficio. Por un lado, el de ejercitar la escucha empezando por la voz humana, algo muy necesario para quien tiene que empezar a estudiar con textos largos leídos por una máquina, como es su caso.

Desde 2017, Cecilia cursa la Licenciatura en Gestión del Arte y la Cultura en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. “Al adquirir la enfermedad de grande tengo una capacidad de abstracción diferente a la que hoy necesito. Además, al no estar acostumbrada a escuchar la voz sintética, más de media hora no la tolero. Tengo que aprender a leer con el oído. Por eso lo que hace Tiflonexos es muy bueno, porque el oído primero necesita acostumbrarse a la voz humana para luego pasar a la mecánica”.

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“Recibir esos relatos me permite transformar el dolor de no poder leer yo misma en la alegría de que alguien se detenga y tenga la bondad y la voluntad de leernos un texto”, explica Cecilia. (Imagen: gentileza)

Por otro lado, escuchar relatos le abre un mundo que Cecilia, sin esta herramienta, se perdería: “Son pocas las oportunidades de desarrollo intelectual que tenemos las personas con baja visión o ciegas. De hecho, siento que pierdo vocabulario”, cuenta.

El día anterior a la entrevista, Cecilia había recibido un audio con un cuento de Horacio Quiroga y estaba feliz. “Fue algo mágico porque conozco Misiones y Quiroga es un autor que leía de chica. Enseguida pensé: ‘Cómo me hubiese gustado poder leerlo yo’. Pero hay que aprender a pedir ayuda y saber recibirla”, suelta Cecilia.

En otro momento de su vida, ese audio no hubiese sido más que otro mensaje de WhatsApp. Ahora es diferente. Cuenta Cecilia: “Recibir esos relatos me permite transformar el dolor de no poder leer yo misma en la alegría de que alguien se detenga y tenga la bondad y la voluntad —esas virtudes que no se compran— de leernos un texto. Por eso siempre que termino de escuchar un relato les mando: ‘Tiflo, gracias’”.

Desde Rosario, Gladys no solo agradece a quienes leen: “Gracias también a los que escuchan, porque a mí me gustaba mucho leer en voz alta”.

Esta nota forma parte de la plataforma Soluciones para América Latina, una alianza entre INFOBAE y RED/ACCIÓN.

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