El nuevo brote de COVID-19 mete presión a los dirigentes australianos

Una mujer con mascarilla camina a lo largo de un puente en Melbourne, Australia, 16 de julio de 2021.  REUTERS/Sandra Sanders
Una mujer con mascarilla camina a lo largo de un puente en Melbourne, Australia, 16 de julio de 2021. REUTERS/Sandra Sanders (SANDRA SANDERS/)

Por Renju Jose y Colin Packham

SÍDNEY, 16 jul (Reuters) – El primer ministro australiano, Scott Morrison, y los primeros ministros de los estados se veían sometidos el viernes a una presión pública cada vez mayor para controlar el brote de la variante delta del COVID-19, que crece rápidamente y supone la mayor amenaza para el país en meses.

Según los críticos con el Gobierno, el brote ha puesto de manifiesto los principales fallos en la respuesta a la pandemia en Australia: retrasos en el pedido de vacunas, cambios en las recomendaciones que han llevado a una indecisión generalizada sobre las vacunas, confinamientos demasiado laxos y una cuarentena poco rigurosa en la frontera internacional.

Las autoridades informaron el viernes de 103 nuevos casos, la mayoría en Sídney y el resto en Melbourne, lo que eleva a más de 1.000 el número total de casos desde que comenzó el brote hace un mes. Dos personas han muerto, 75 están hospitalizadas y 18 en cuidados intensivos.

Aunque no se trata de una cifra enorme en la comparativa internacional, se trata de un cambio brusco para un país que sólo había experimentado pequeños brotes localizados durante varios meses.

Desde el viernes, el 40% de los 25 millones de habitantes del país —en Sídney, el epicentro del brote, y en el estado de Victoria— viven bajo ciertas condiciones de confinamiento.

Lo que más preocupa a las autoridades sanitarias es el hecho de que la proporción de personas que salen a la calle mientras están infectadas sigue siendo notablemente elevada, a pesar de que los habitantes de Sídney van a llegar a su cuarta semana de confinamiento.

La situación ha avivado las críticas a la forma en que la primera ministra del estado de Nueva Gales del Sur, Gladys Berejiklian, ha abordado la crisis, ya que autoridades sanitarias consideran que tardó demasiado en imponer el confinamiento en Sídney y que, además, no lo hizo con suficiente dureza.

Berejiklian, que ya ha ampliado el confinamiento en dos ocasiones hasta un total de cinco semanas, rogó el viernes a la población que siguiera las órdenes de permanecer en casa y dijo que reforzaría las restricciones si era necesario. Su gobierno se ha negado repetidamente a especificar qué negocios y movimientos personales cuentan como esenciales, diciendo que la gente debe usar el “sentido común”.

Muchas tiendas a domicilio y otros comercios no alimentarios, que se han convertido en focos de virus, han permanecido abiertos.

Los economistas prevén que sólo el cierre de Sídney costaría a la economía australiana, de 2 billones de dólares australianos (1,5 billones de dólares), unos 1.000 millones de dólares a la semana.

($ 1 = 1,3473 dólares australianos)

(Reporte de Renju Jose en Sydney y Colin Packham en Canberra; Editado por Chris Reese y Jane Wardell, traducido por José Muñoz)

About infobonaerenseok@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *