Mujeres afganas luchan para no ser silenciadas por los talibanes

Una niña afgana besa a su padre antes de ingresar a su escuela primaria en Kabul. Foto: Oliver Weiken/dpa
Una niña afgana besa a su padre antes de ingresar a su escuela primaria en Kabul. Foto: Oliver Weiken/dpa (Oliver Weiken/)

Sara Seerat tenía un buen trabajo y grandes objetivos, pero ambos fueron bloqueados desde que los talibanes tomaron el poder en Afganistán. 

La joven, de 27 años, era asesora en el Ministerio de Asuntos de la Mujer en Kabul, y una de sus tareas era la de aumentar la proporción de mujeres en los organismos gubernamentales afganos.

Actualmente, los talibanes no solo llevaron este porcentaje a casi cero, sino que eliminaron también el Ministerio de Asuntos de la Mujer. En el edificio funciona ahora el resucitado Ministerio para la Preservación de la Virtud y la Supresión del Vicio, cuya policía religiosa fue famosa por la brutal represión que sufrieron las mujeres durante el primer régimen talibán de 1996 a 2001.

Seerat sostiene que su antiguo lugar de trabajo pasó de ser “un ministerio de la mujer a un ministerio cien por cien contra las mujeres. Este cambio es un mensaje para silenciar a las mujeres”, destaca.

Ella misma hizo campaña por los derechos de las mujeres desde que era muy joven y le habría encantado llegar al cargo más alto en su antiguo lugar de trabajo. Ser ministra de Asuntos de la Mujer era su “gran sueño”, por el que llevaba mucho tiempo trabajando.

“Ahora me siento impotente”, señala y agrega que los sueños de muchas otras mujeres que se habían inspirado en su carrera quedaron truncos.

Desde que tomaron el control en Afganistán a mediados de agosto, los talibanes han intentado ganarse la aceptación de la comunidad internacional. Asimismo solicitaron a las Naciones Unidas que se les permita intervenir en el debate de su Asamblea General.

Sin embargo, la política de los islamistas en materia de derechos humanos y en particular los derechos de las mujeres es fuertemente rechazada. El Consejo de Seguridad de la ONU pidió la participación igualitaria de las mujeres en la vida pública de Afganistán.

Es probable que si los talibanes siguen violando los derechos de las mujeres no puedan obtener el reconocimiento que buscan por parte de los países occidentales y, sobre todo, el dinero asociado a esa aceptación internacional. 

En su gobierno de transición, los talibanes ya repartieron cerca de medio centenar de cargos y ninguno ha sido otorgado a una mujer. La mayoría de ellas, sobre todo las que trabajan en la administración pública, tuvieron que dejar sus puestos de trabajo hasta nuevo aviso. Los islamistas solo permitieron algunas excepciones, por ejemplo en el sector médico o en la educación.

Las maestras están autorizadas a enseñar a los niños y las niñas que asisten a la escuela de primero a sexto grado. En tanto, solo los varones tienen permiso para asistir a las clases del séptimo a duodécimo grado. En cambio, las alumnas y profesoras de estos ciclos de educación deben permanecer en casa.

La directora de una escuela de niñas en Kabul cuenta que recibió la instrucción correspondiente durante una reunión en el Ministerio de Educación. “No sé el motivo”, aclara.

Este procedimiento también es un síntoma del caos que reina en las primeras semanas de los talibanes. A menudo no hay órdenes  escritas, muchas cosas siguen siendo vagas y poco claras y casi nadie puede dar una información fiable sobre los trabajos que pueden realizar actualmente las mujeres.

“Queremos enseñar. La situación es frustrante”, señala una docente de décimo grado, que cuenta que las niñas preguntan a cada rato cuándo podrán volver a la escuela. “La espera no es fácil porque no hay fecha”, subraya, dejando trascender que en el fondo la gran preocupación es que nunca se concrete esa fecha de regreso.

Por su parte, el portavoz talibán, Sabiullah Mujahid, intenta contrarrestar estas preocupaciones. En una conferencia de prensa en Kabul dejó abierta la posibilidad de que en algún momento las mujeres también puedan formar parte del gabinete.

Según el portavoz, el Gobierno también está trabajando en planes para que las niñas y las mujeres puedan volver de manera segura a la escuela o al trabajo teniendo en cuenta la sharia, la ley islámica, que los talibanes interpretan de forma extremadamente estricta.

Sin embargo, Mujahid dejó abierto cómo podrían implementarse estos planes y cuándo podrían aplicarse. “No podemos dar una fecha, pero este asunto se resolverá en un futuro próximo, si Dios quiere”, dijo.

La activista por los derechos de la mujer Roshan Sirran no se fía de los islamistas. “En materia de mujeres y educación, los talibanes no cambiaron”, opina la maestra ya jubilada.

Shirran, de 67 años, aún recuerda cómo bajo el régimen talibán en 1996 los islamistas enviaron a casa a las profesoras y alumnas hasta nuevo aviso. “Pero ese aviso nunca llegó”, acota.

Aún así, la ex docente no cree que los talibanes repitan los excesos más extremos de aquella época, como la lapidación de las adúlteras. Al fin y al cabo, agrega, quieren evitar un aislamiento internacional casi total como sucedió entonces.

Seerat participó de una protesta en su provincia natal, Kapisa, cuando quedó claro que ninguna mujer iba a formar parte del Gobierno interino. Si bien la manifestación fue dispersada violentamente, la activista resalta que las mujeres se levantarán contra los islamistas.

También se produjeron protestas en Kabul, incluso frente al antiguo Ministerio de Asuntos de la Mujer. Por otra parte, el hecho de que los talibanes prohíban a los periodistas filmar “manifestaciones ilegales” puede indicar cierta inseguridad.

“Los talibanes se dan cuenta de que no somos como las mujeres de los años 90”, afirma Seerat. “Estamos muy agradecidos a la comunidad internacional por apoyar particularmente a las mujeres. Pero pedimos, no, exigimos que nunca reconozcan ni apoyen a este Gobierno mientras no incluya a mujeres”, remarcó.

Seerat hace hincapié en que la comunidad internacional debe insistir en que las mujeres, así como todos los grupos étnicos del país, estén representados en el gobierno.

Seerat cree que el Gobierno talibán no sobrevivirá mucho tiempo, no solo por su composición sino también por los crecientes problemas económicos.

Pero ella no quiere esperar hasta que esto suceda y busca la manera de salir de Afganistán, preferentemente hacia Canadá o Alemania: “Ya he sacrificado bastante. Creo que ya no tengo un lugar en este país.”

dpa

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